El potencial agropecuario productivo desarrollado en el municipio de Comarapa del departamento de Santa Cruz, incentivó el retorno de su población y la migración de productores de otras zonas vallunas y del occidente. La gran variedad de productos que ofrecen las pequeñas propiedades, garantizaron la seguridad alimentaria de la zona, pero también la valorización del precio de las tierras hasta en 15 veces más en los últimos siete años, señala un estudio de Fundación TIERRA.
El estudio "¿Municipio modelo?: sinergias productivas y ambientales en el municipio de Comarapa", de la investigadora Rossmary Jaldín, señala que las formas de producción que se emplean en el municipio valluno, así como la amplia diversidad de cultivos que se ofrecen, resultado de la combinación de una serie de tecnologías ancestrales y modernas, han garantizado no sólo la producción de alimentos para el autoconsumo, sino también para el mercado local de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, e incluso para exportación a Brasil y España.
"Entonces, la dinámica económica en Comarapa está haciendo que la gente regrese al municipio o se quede. No hemos hecho el estudio a nivel cuantitativo, pero se ve que hay una dinámica más pujante por los flujos migratorios, la gente está retornando, los jóvenes se están quedando, esa idea de municipio expulsor de población principalmente joven se revierte, y se está convirtiendo en receptor", explica al Periódico Digital PIEB.
El estudio de carácter cualitativo señala que de acuerdo a las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del Censo de Población y Vivienda de 2001, la población de Comarapa al año 2010 ascendería a 16.000 habitantes, pero que, de acuerdo a recientes estimaciones de las autoridades locales, el municipio contaría con 18.000 a 20.000 personas.
"Es perceptible este fenómeno de retorno de la gente y hay otro indicador que hemos visto que nos muestra esto, y es el valor del precio de la tierra, que aumentó de 10 a 15 veces su valor en los últimos cinco a siete años, eso muestra cómo la economía se ha dinamizado", afirma.
Como ejemplo, una hectárea de tierra en la zona media del municipio que costaba hace siete años 1.000 dólares, actualmente oscila en 18.000 dólares con sistema de riego incorporado. Sin embargo, los pequeños productores de la zona no sólo viven de los ingresos que genera la actividad agrícola --que es la más importante--, sino también de la venta de la fuerza de trabajo, en el caso de los varones, y del comercio en el de las mujeres.
El sector productivo agrícola de Comarapa se caracteriza por la pequeña propiedad individual que oscila entre dos a cinco hectáreas, mientras que en la parte baja de la zona ganadera las propiedades llegan a medidas de hasta 30 hectáreas. Sin embargo, tanto los lugareños como los migrantes tienen acceso a la compra de tierras, siempre y cuando puedan pagar por ellas.
"Vale la pena destacar todas las alianzas locales que existen, la coordinación que tienen los municipios y los gobiernos locales que son dirigidos por gente joven que está viendo una perspectiva a futuro más allá de una mirada de corto plazo, y eso está llevando a que haya continuidad de implementación de políticas e inversiones", señala.
Esos niveles de coordinación posibilitaron alianzas y acuerdos entre el municipio y los ganaderos que proveen la leche para el desayuno escolar, así como con los productores agrícolas que proveen del complemento alimentario para los niños en edad escolar.
Tecnología y medioambiente
A diferencia de otros municipios del país, donde los productores agrícolas y pecuarios temen realizar inversiones para potenciar su capacidad productiva, y donde no existe asistencia técnica tecnológica, Comarapa cuenta con el Instituto de Investigaciones Marcelino Champagnat, que ofrece formación técnica a los jóvenes del lugar y asistencia a los productores de las diferentes cadenas productivas, dice la investigadora Rossmary Jaldín.
La variedad de pisos ecológicos y las diferentes condiciones de suelo, posibilitó al municipio cruceño la implementación de técnicas agrícolas variadas basadas en conocimientos tradicionales y sistemas más modernos, como es el caso del cultivo de frutilla a riego por goteo con cobertura de plástico.
El municipio de Comarapa es considerado como la capital de la frutilla y por ese hecho el estudio destaca las tecnologías empleadas en su producción, las cuales "están dando excelentes resultados y facilitando los procesos de cosecha y post cosecha, que permiten un buen uso del agua, también que la frutilla sea cosechada totalmente limpia, disminuyendo así los problemas de ataques de plagas porque la gran parte de la pérdida era por los roedores".
La coordinación entre el Gobierno Municipal, la Gobernación Departamental y los sectores productores posibilitó inversiones importantes en sistemas de riego y nuevas tecnologías productivas, la transferencia de conocimientos, así como también la implementación de programas ambientales con importantes impactos.
"¿Cómo hacen para que se preserve los suelos y la tierra? es porque están aplicando una serie de programas de corte ambiental que vale la pena rescatar y que tienen que ver con el manejo de recursos naturales, el manejo de la cuenca en la parte alta donde está el Parque Nacional y Área de Manejo Integrado Amboró que ocupa más del 60 por ciento del municipio", señala.
Al sistema de atajados y microriegos que garantizan agua para los cultivos se suma un novedoso programa de reciclaje y recojo de basura que separa los desechos orgánicos e inorgánicos, para destinar los primeros al procesamiento de abonos orgánicos que son devueltos a las parcelas, antes sin costo alguno, pero ahora con un precio para los productores del lugar.
A pesar de que Comarapa se proyecta como uno de los 11 municipios ambientales del país, esto no es sinónimo de que sea un municipio ecológico debido a los diferentes programas que implementa desde las escuelas y en la vida cotidiana de la población, paradójicamente –dice Jaldín-- hay un incremento en el uso de plaguicidas y agroquímicos en los cultivos de frutas, hortalizas y verduras para aumentar el rendimiento y combartir el ataque de plagas. "Cada cultivo requiere de diferentes aplicaciones, pero en este caso se está viendo que hay un uso inadecuado y excesivo de agroquímicos; que se está fumigando más la producción con la idea de mejorar los rendimientos, para combatir las plagas relacionadas al cambio de clima".
Si bien existen reportes positivos sobre la salud nutricional de la población, también se detectaron problemas respiratorios relacionados al no uso de máscaras al momento de fumigar los cultivos, casos de intoxicación por exposición a agroquímicos e incluso problemas gastrointenstinales por el consumo de productos recién cosechados, sobre todo en mujeres y niños. Sin embargo, señala Jaldín, no hay un estudio que muestre a mayor profundidad esta relación, lo cual se constituye en una importante veta de investigación a futuro.