La presencia del agronegocio en la región cruceña, la probable fuerte expansión de la frontera agrícola, la especialización de los campesinos sobre la base de cultivos-mercancías y el surgimiento de cierta diferenciación social entre los pequeños productores, junto a problemas técnicos que condicionan el rendimiento de la producción, fueron algunos de los hechos puestos en relieve por la investigación académica este año dentro del ámbito de la seguridad alimentaria.
Sin embargo el principal aporte de los académicos fue tal vez, dice Gonzalo Colque, problematizar el tema agrario de manera diferente para también obtener respuestas distintas al antiguo dilema acerca de ¿cómo garantizamos la alimentación de los bolivianos a futuro?
Para el director ejecutivo de TIERRA, Gonzalo Colque, este año la investigación ha lanzado nuevas preguntas sobre los temas de seguridad alimentaria, después de haberse concentrado durante los últimos años en debates que miraban a la soberanía alimentaria desde la producción agroecológica en torno a las comunidades campesinas e indígenas.
Ahora se necesita saber qué tipo de políticas públicas se requiere primero para garantizar la seguridad alimentaria y, segundo, para promover que el sector campesino indígena juegue un rol más importante como productor y proveedor de alimentos. Estas preocupaciones nacen del trabajo de investigación académica que está mostrando un proceso de expansión de la agricultura comercial a gran escala, destinada a ser materia prima agrícola para la exportación, y un panorama en el que los campesinos están cumpliendo un rol cada vez menos activo en su calidad de productores de alimentos.
“Importamos alimentos de origen campesino y muchos productos procesados, y somos exportadores de materia prima agrícola”, dice Colque. El investigador aclara también que los investigadores este año han explorado estas transformaciones agrarias y han aportado al debate acerca de “cómo alimentamos a los bolivianos a futuro”, más aún en un contexto que pone en entredicho la seguridad alimentaria.
Los factores técnicos
Los factores sociales, económicos y políticos al momento de mirar la seguridad alimentaria no son menores, como también lo testimonia el investigador y director académico del Postgrado de la Universidad Técnica de Oruro (UTO), Pedro Vallejos, cuando dice que, “si bien en la última década el boom de la quinua ha mejorado el poder adquisitivo de los productores, los altos precios de comercialización en respuesta al precio internacional han hecho que este producto no llegue a la mesa de las familias bolivianas, motivo por el cual se hace más barato adquirir productos como el arroz y el fideo”.
Pero más allá del condicionante sociopolítico de la actividad agraria, también hubo intentos de soluciones técnicas a problemas agrícolas específicos. Justamente Vallejos resalta las propuestas ensayadas desde la universidad pública que se orientaron este año a mejorar la producción agrícola en condiciones climáticas cada vez más adversas, proponer innovación tecnológica para el almacenamiento de aguas en el suelo (silos de agua), estudiar praderas y repoblamiento de especies vegetales, mejorar la genética de cultivos y producción de abonos orgánicos, controlar la erosión de suelos e insistir en el uso eficiente de recursos hídricos.
A futuro
Tan importantes como las formas de producción, el rendimiento de cultivos, el cansancio del suelo u otros rasgos técnicos de la actividad agrícola son los procesos sociales en torno a esa tarea productiva, si se trata de mirar hacia el futuro de la investigación y en la generación de las políticas públicas. Según Colque, la investigación está develando la aparición en torno a la soya, por ejemplo, de una diferenciación social entre los campesinos, es decir el surgimiento de campesinos ricos y pobres, como un paso hacia la pérdida del control de sus tierras en el caso de los empobrecidos, o la modificación de la característica del latifundista que actualmente no posee una propiedad ociosa sino productiva, cumple un rol económico y genera un mercado de tierras extraoficial.
Esa expansión de la frontera agrícola –continúa–, no sólo se la debe entender como una expansión geográfica a costa del bosque y de tierras cultivables sino también como la flexibilización de la regulación estatal sobre la agricultura a gran escala, incluyendo la aceptación de semillas transgénicas o la tala del bosque. En cualquier caso, las recientes transformaciones agrarias en el mundo del agronegocio y en el mundo de los agricultores tradicionales de subsistencia son dos esferas que merecen ser investigadas en tierras bajas, al igual que en tierras altas la marginación y la multifuncionalidad de los campesinos, cuya vida transcurre entre la ciudad y el campo.