Una manera de entender la realidad campesina indígena del país es avanzar en conocer la diferenciación al interior de este sector socio-económico, por eso los investigadores de Fundación Tierra han identificado la presencia de pequeños productores de commodities, pequeños productores para el mercado interno y productores de subsistencia que interactúan entre sí y con la agricultura a gran escala.
“Esta tipología más que reproducir la clasificación clásica de campesinos ricos, medianos y pobres, más bien se aproxima a un esfuerzo por entender la realidad campesina e indígena en conexión con la agricultura a gran escala. Dicho de otra forma, serían productores consolidados, intermedios y periféricos”, dice una de las conclusiones del estudio “Marginalización de la agricultura campesina e indígena. Dinámicas locales, seguridad y soberanía alimentaria”, firmado por Gonzalo Colque, Miguel Urioste y José Luis Eyzaguirre.
La propuesta contiene la intención de animar al debate acerca de la diferenciación campesina según su grado de inserción al mercado nacional y global, y su condición económica, así como la necesidad de diseñar políticas públicas específicas para cada grupo social.
Entre los “pequeños productores de commodities subordinados al agronegocio” están los especializados en producir materias primas agropecuarias, aunque ocupan un lugar marginal en la cadena o clúster de determinados productos, como la soya, y tienen un contacto con formas capitalistas de trabajo. Los pequeños productores orientados al mercado interno se han especializado en ciertos productos, han adquirido destrezas y niveles técnicos (semillas mejoradas, riego, maquinaria, implementos agrícolas, etc.), no producen sus propios alimentos, tienen accesos de transporte y en general son exitosos logrando enfrentar al contrabando. Los productores de subsistencia, probablemente el sector más numeroso, pobre y postergado, poseen minifundios fragmentados, están en regiones de expulsión migratoria y lejanas a las vías de transporte, y a pesar de las normas de titulación de tierras no han recibido beneficios de políticas públicas que apoyen su producción y sobrevivencia.
Los investigadores plantean esta diferenciación campesina para poner énfasis en la necesidad de la aplicación de “políticas públicas específicas y diferenciadas de desarrollo sostenibles para cada tipo de campesinado o de agricultor familiar”. Y es que a pesar de las desigualdades internas que benefician a algún sector del campesinado indígena, el estudio verifica que esa “población rural sigue en peor situación socioeconómica que el resto de los bolivianos, (y) tiene menor y decreciente participación en los beneficios que genera el crecimiento económico y el desarrollo del agro”.
El libro “Marginalización de la agricultura campesina e indígena” aborda el tema desde un estado de situación de este sector, un análisis de los cambios en sus dinámicas y estrategias locales, y una evaluación del papel de la agricultura campesina e indígena para la seguridad y soberanía alimentaria. La investigación fue posible con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC).
Publicado también en Bolivia Rural, 8 mayo 2015.