
Pese a los avances en la reducción de la pobreza extrema en Bolivia, la situación sigue crítica en el área rural de Bolivia, donde la agricultura familiar enfrenta cada vez mayores problemas, como la desertificación, el crecimiento urbano y la migración.
La conclusión fue enunciada durante la presentación del libro Marginación de la Agricultura Campesina Indígena, trabajo de investigación realizado por Miguel Urioste, Gonzalo Colque y José Luis Aguirre. La presentación estuvo a cargo de la Fundación TIERRA, con el auspicio del Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (Cenda) y la fundación Agrecol Andes.
En la presentación realizada en el Centro de Información y Documentación Bolivia (Cedib) Aguirre, con datos de los censos nacionales, mostró que en Bolivia la pobreza bajó de 50 a 34 por ciento en el país. Sin embargo en el área rural, el descenso fue del 84 al 71 por ciento, mostrando que todavía los porcentajes son altos.
Asimismo, los procesos migratorios develan que si en 1950 el 70 por ciento de la población era rural, ahora ese porcentaje corresponde al sector urbano.
Según el estudio, los jóvenes del área rural no tienen expectativas de profesionalizarse, pero tampoco sueñan con quedarse en el campo, según destacó, por su parte, Severo Villarroel, en su calidad de comentarista.
Según Villarroel, otro aspecto en contra es la esperanza defraudada en el gobierno de Evo Morales, que, lejos de apoyar la agricultura rural, fomenta el extractivismo y abre puertas a la importación de alimentos.
En tanto, Rubén Maldonado, segundo comentarista, subrayó que la agricultura familiar en el área rural muere por la desertificación, la migración y hasta los cambios de hábitos alimentarios en las ciudades.
Esto situación se devela al verificar que si en 2005 se gastaban 227 millones de dólares en la importación de alimentos, a 2014, la cifra que se gasta por este mismo concepto llega a 741 millones de dólares.