El autor “se cuela” en un debate entre Fundación Tierra y el partido opositor Unidad Nacional, en torno a la crisis económica y la extracción de recursos naturales no renovables.
Fernando Molina escritor y periodista. En todo caso, Evo Morales ha fracasado rotundamente en esto. Hoy nadie quiere verlo, porque todos nos estamos beneficiando de su fracaso; porque estamos gozando de haber caído, cogidos de su mano, en la susodicha tentación extractivista.
Hace poco Unidad Nacional (UN), partido de oposición dirigido por Samuel Doria Medina, publicó un documento con sugerencias para enfrentar "la última crisis del Estado extractivista”. Resumida, la posición que expresa este documento es la siguiente: UN advirtió desde hace mucho que la excesiva dependencia que tenía la prosperidad del país de la exportación de materias primas a altos precios terminaría conduciendo a la economía a un callejón sin salida, cuando estos ingresos menguaran, como ocurre actualmente, y no pudieran seguir manteniendo las actividades que florecieron gracias a ellos, sobre todo la ampliación del Estado. Pese a estas alertas, dice UN, el Gobierno del MAS se abandonó a las ventajas políticas y económicas que representa el extractivismo, y no aprovechó el tiempo de "vacas gordas” que ya parece estar pasando para diversificar la economía, sobre todo mediante la extensión y el fortalecimiento del "sector privado”. A continuación, UN sugiere medidas para enfrentar los probables efectos de esta crisis en la marcha del país: "Acabar con el despilfarro, transparentar las adjudicaciones del Estado, volcarse a la producción, facilitar el trabajo creativo, promover la economía popular y darle independencia al Banco Central”.
Días después, Gonzalo Colque, director de Fundación Tierra, criticó este documento con los siguientes argumentos: a) lo único novedoso del documento de UN es su crítica al extractivismo, mientras que sus propuestas de políticas públicas son convencionales y no atacan este mal, lo que implica que el documento está "dislocado”; b) UN se opone al extractivismo sin reflexionar seriamente sobre lo que este significa, ya que sugiere la posibilidad de emplear el tiempo de la bonanza en la diversificación de la economía, cuando la sobreexplotación de los recursos conduce necesariamente a un modelo económico, y también político, como el que ahora tiene el país; c) por tanto, el planteamiento de Doria Medina es oportunista, pues intenta aprovecharse de la verdadera lucha contra el extractivismo (que, hay que leer entrelíneas, fundó y lidera la Fundación Tierra), para presentar ideas trasnochadas, como la del potenciamiento del "sector privado”, que ya sabemos que conduce a la desigualdad, ya que sólo el Estado… etc.
Por supuesto, resulta muy propio de los intelectuales bolivianos sentirse algo así como "propietarios” de las ideas en las que trabajan o que defienden. Colque parece desconocer que contra el extractivismo boliviano -invariable a lo largo del tiempo- ya luchaban hombres de principios del siglo pasado, como el liberal Luis Tejada Sorzano.
Doria Medina lo ha hecho durante toda su carrera política, y este es uno de sus méritos. El documento que ahora plantea, que comparto en parte, aunque no completamente, se limita a señalar un diagnóstico que también hace Fundación Tierra: el extractivismo no conduce al desarrollo, sino a burbujas de prosperidad que distorsionan la economía, la contagian de enfermedad holandesa y elevan a las masas a una condición de consumo que no es sostenible, porque no responde a una mejoría en su productividad. Estas burbujas se desinflan cuando disminuyen los recursos extraordinarios de los que medran. Puesto que eso está ocurriendo, o puede ocurrir en breve, dice UN, hay que pasar a la acción: dejar de pensar, como hace el ministro de Economía, Luis Arce, en que un mayor gasto interno con menores ingresos externos no se traducirá en una seria presión sobre las reservas de divisas del país, presión que, mal manejada -es decir, sin un Banco Central independiente del Gobierno-, podría ocasionar un descalabro mayúsculo.
¿Dónde está el quid de la cuestión? En que Colque confunde "extractivismo” con "posesión de recursos naturales”. Pero no son lo mismo. El primero es un resultado de la dependencia de la segunda, y puede darse o no en determinado momento, según lo que decida y haga el Estado. En cambio, la existencia de recursos no se halla en nuestras manos, se trata de un acaso o, como algunos dijeron en el pasado, de un "destino”. Los recursos se encuentran en el subsuelo de nuestro país y no dejarán de estar allí. La pregunta entonces es, dada esta situación de facto, qué hacer con ellos.
La respuesta de Colque es no explotarlos, porque si lo hiciéramos, dice, necesariamente terminaríamos en el extractivismo. Es la postura indianista radical. Yo la apoyaría, porque, como saben los lectores, odio la posesión de recursos no renovables, pero no lo hago porque me parece completamente naif. Si hay recursos, estos se explotarán, quieran o no quieran Colque o Molina.
¿Qué hacer, entonces? Lo que planteó primicialmente Arturo Uslar Pietri, en Venezuela, en los años 30: "Sembrar el petróleo” (o el gas, o el litio). Aprovechar las vacas gordas para crear una economía mejor, una economía de "base ancha”. Por supuesto que esto es difícil, o quizá imposible, justamente por la tentación extractivista y su atractivo. Pero no tenemos ninguna otra alternativa viable.
En todo caso, Evo Morales ha fracasado rotundamente en esto. Hoy nadie quiere verlo, porque todos nos estamos beneficiando de su fracaso; porque estamos gozando de haber caído, cogidos de su mano, en la susodicha tentación extractivista. Pero el futuro nos lo mostrará, y no lo hará con amabilidad.
Es cierto que muchas propuestas que plantea UN son meramente anticíclicas, una reacción a la posible escasez de capitales, como ralentizar el aumento de salarios y del gasto público. Pero no es verdad que otras de estas propuesta no sean antiextractivistas. Lo son justamente aquellas contra las que más despotrica Colque, es decir, las que procuran una mayor actividad, una mayor participación en la riqueza y el crecimiento del "sector privado”.
Por dogmatismo, Colque lee "potenciar al sector privado” y se le antoja el peor de los pecados: ‘las viejas y superadas políticas’, etc. Lo mismo que el Gobierno. Como si el estatismo no fuera más viejo que el hilo negro. Colque no se da cuenta que "sector privado”, como sujeto de la diversificación de la economía, no son las cuatro trasnacionales ni los 40 grandes empresarios de este país, sino las miles y miles de micro y pequeñas empresas que generan el 80 por ciento del empleo, y son las únicas que crean riqueza que no esté basada en los recursos no renovables. Se trata, se crea o no, del "sector privado”. Y ¿qué es superar el extractivismo sino enriquecer a este "sector privado”?